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San Salvador. Segunda villa de Cuba y sitio de suplicio del cacique Hatuey.

Autor(es):
Delio G. Orozco González.
Juan Valentín Gutiérrez Rodríguez.

Artículo donde se analiza, con el empleo de la arqueología, las medidas, la cartografía y el estudio de fuentes, los momentos iniciales, la ubicación, el nombre y la fecha de traslado hacia Bayamo de la segunda villa de Cuba, la cual, se erigió primariamente en el sitio conocido como Palmas Altas, en las afueras de la actual ciudad de Manzanillo. 

A prima noche del 1ro. de abril de 1514 y en "el puerto de Xagua"(1), debió terminar Diego Velázquez de Cuellar la carta dirigida al Rey de España que, suponemos, había comenzado a escribir o dictar a uno de sus amanuenses tiempo atrás. En ella relataba a su majestad lo acontecido después de la última misiva escrita desde Baracoa y acusaba recibo de las epístolas reales que -en 9 de noviembre de 1513-, fueron en sus manos y donde Fernando II de Aragón le otorgaba “mercedes” y aprobaba las decisiones tomadas en la conquista y colonización de Cuba.(2) En este documento consta la versión más exacta del lugar escogido para fundar la segunda villa de Cuba, elementos vinculados a su elección y por qué el conquistador decide llamarla San Salvador.

He aquí los extremos más importantes para el tema que ocupan estas líneas:

Dice que después de aver proveydo en la Asunción, segund que le paresció al servicio de V. A […] se partió á 4 de Octubre de 513, con XV cristianos que con él yban […] por las provincias […] hasta la de Bayamo, que está junto á la de Guacanayabo, donde halló los caciques y indios muy servidores de V. A. y amigos de los cristianos, donde le tomaron las cartas y provisiones que V. A le mandó enviar.

E ocho dias despues que llegó á la provincia del Bayamo, porque tenía pensamiento de asentar un pueblo en ella ó en la del Guacanayabo, en la que mejor el mejor sitio se hallase y lo necesario á él toviese, envió á las provincias de Maniabon é Boyucar é el Cayaguayo é Mahaha é Cueyva, que es todo á 15 é á 20 é a 30 leguas de la dicha provincia de Bayamo, quarenta ombres, con cristianos que sabían la lengua, á llamar todos los caciques é indios dellas, entre tanto que se hallava el dicho asiento; para que venidos, se comenzase á aprovechar y asentar el pueblo, hasta que en nombre de V. A. se hiciese el repartimiento; é el dicho asiento é sitio se halló á legua y media de un puerto, questá apropósito de la navegación de la isla Española y de Tierra Firme, y cerca de un río grande muy bueno, que se dice Yara, de muchas crianzas de ganados y disposición para la labranza de yuca y ages y maiz, y muy buen asiento para el dicho pueblo, é que las minas están a 15 é á 20 leguas de allí, y que fizo poner la iglesia en la parte que convenia, y la nombró San Salvador, porque allí fueron libres los cristianos del cacique Yahatuey, é porque con la muerte suya se aseguró é salvó mucha parte de la isla […]

[…] y despues de aver proveydo en la dicha villa de San Salvador lo que convenía, é asi mismo hablado á los caciques de las dichas provincias, que vinieron á servir á la dicha villa de San Salvador, se partió del puerto de Guacanayabo, por la costa del Sur, en canoas, con 20 ombres cristianos, á 18 de Diciembre [...](3)

A partir del testimonio de quien funda la villa -incuestionable hasta el momento-, se colige que esta fue erigida, aproximadamente, a 6,285 metros(4) de un puerto: Guacanayabo; el cual, facilitaba la navegación hacia la Española (hoy República Dominicana y Haití, primer enclave permanente establecido por los hispanos en el nuevo Mundo) y Tierra Firme, espacio afincado ya en los ojos y ambiciones de los peninsulares. Y no podía ser de otro modo, tanto esta villa como la tercera (Santísima Trinidad), establecida solo dos meses después en la ribera del río Arimao y muy próxima a la bahía de Jagua -escasamente una legua-, serían “puertos nodrizas”, “trampolines”, “sitio de abastecimiento y resguardo” de los que, en sus correrías coloniales, crearon el imperio español; en consecuencia, todos estos primeros emplazamientos responderían a las indicaciones reales que solicitaban la elección de enclaves marítimos para dar soporte a los que llegaban del Viejo Mundo y luego se lanzarían a plantar cruz y espada en nombre de Dios en tierras continentales: “[…] lo primero es ver en quantos lugares es menester que se fagan asientos en la costa de la mar para ser guardar la navegación y para más seguridad de la tierra; que los que han de ser para segurar la nabegación, sean en puertos que los nabios que de aca de España fueren, se puedan aprovechar dellos en refrescar y tomar gua, y las otras cosas que fueren menester para su viaje […]”(5) y lo segundo, apoyar el abordaje de las tierras donde la conquista española arrancó una página a la historia del universo.(6) Así pues, la afirmación de Velázquez -refiriéndose al actual puerto cienfueguero-, que “[…] es muy conocido de los que navegan y muy necesario y provechoso á los que vienen de Tierra Firme [...]”(7) no fue casual, como tampoco la fundación de San Cristóbal en el meridional surgidero de Batabanó y la elección de la magnífica bahía de Santiago de Cuba -siempre al sur y de frente al continente-, para fundar y fijar la gobernación insular durante casi todo el siglo XVI.

Ahora bien, dilucidada las razones y zona de emplazamiento, toca el turno a la fijación del sitio exacto de establecimiento primario de la villa; pues, ¿en qué punto de la franja costera del Guacanayabo que va desde la Punta Médano de Cauto, en la desembocadura del anchuroso río, hasta Cayos Balandras en el municipio Niquero, decidió el Adelantado fundar San Salvador? Es el propio Velázquez quien lega a la posteridad el espacio físico escogido cuando asegura hallarse “[…] cerca de un río grande muy bueno, que se dice Yara [...]”; sin embargo, las deficiencias investigativas por una lado y las dificultades intrínsecas que el escrutinio de un tema como este encierra, se han coaligado para esparcir espesa bruma sobre el particular.

Es responsabilidad de la tradición, no de la ciencia, afirmar que en el actual poblado de Yara se halló el asiento primario de San Salvador; incluso, como la villa debe el nombre al primer hito de lo que después sería el núcleo duro de la cultura cubana: la lucha constante por la libertad y la independencia, ora individual ora colectiva, corporizado ese instante cuando al someter a las llamas al quisqueyano Hatuey este se niega ir al cielo de los conquistadores -según el padre Las Casas-, ambos acontecimientos, ligados indisolublemente, se han fijado en el mismo lugar donde (335 años después), tuvo su bautismo de fuego el Ejército Libertador comandado por Carlos Manuel de Céspedes. Derivación impresionista de esta simbiosis, el 10 de octubre de 1875, Luis Victoriano Betancourt publicó en el insurrecto Estrella Solitaria de Camagüey el artículo “Luz de Yara”, donde hace coincidir el lugar del suplicio de Hatuey con el sitio de Yara y lo vincula con el inicio de la guerra de 1868: “Tres siglos pasaron. Una noche la luz errante se detuvo sobre el mismo sitio en que se había alzado la hoguera de Hatuey. Era la luz de Yara, que iba a cumplir con su venganza. Era la tumba de Hatuey, que se convertía en cuna de la independencia. Era el diez de octubre”.(8); tiempo después (siglo XX), Roberto Mateizán, en su libro Cuba pintoresca y sentimental, afirma categóricamente que “El Cacique Hatuey fué quemado en el sitio que ocupa hoy el poblado de Yara y en el que fundó Diego Velázquez la Villa de San Salvador”.(9) No obstante y a pesar de la consuetudinaria afirmación con profundo aliento identitario y patrio de Betancourt y la conclusión de Mateizán quien se apoya en la carta del Adelantado para llegar a ella; las pruebas arqueológicas, la crítica histórica y las medidas nos indican otro punto.

La afirmación del conquistador de que es «cerca» de un río nos induce a pensar no en la misma ribera de la fuente hídrica; empero, tan poco tan alejada de la misma, de modo que el adverbio de lugar puede entenderse no más allá de media o un cuarto de legua de distancia; pues, ninguna razón lógica valida el asentamiento humano distante del vital suministro. De modo que, si se inicia una marcha río arriba a partir de la desembocadura del Yara o próximo a esta en el Guacanayabo, por la vertiente sur del mismo manteniendo una distancia que pueda entenderse como «cerca» de la corriente de agua, la legua y media o lo que es lo mismo: 6 kilómetros y 285 metros que separaban el puerto de la villa, van localizarse en una pequeña elevación de 29 metros sobre el nivel mar conocida como Palmas Altas, en la denominada meseta de Manzanillo y perteneciente a la periferia de dicha ciudad. Si el experimento se repitiese para el actual poblado de Yara, donde Mateizán y otros historiadores señalan se estableció la villa, la distancia sería entonces de 19 kilómetros y 667 metros o lo que es lo mismo 4,7 leguas, sobrepasando en 3,2 la distancia señalada por Velázquez; quien, en más de una ocasión, debió recorrerla.

Las medidas, una y otra vez, vuelven a cuestionar la hipótesis de la fundación de la villa en el actual poblado de Yara. Algunos investigadores han utilizado el archiconocido poema Espejo de Paciencia, escrito en 1604 por el canario Silvestre de Balboa Troya y Quesada, para demostrar la erección de la villa en el Yara de hoy. Según su razonamiento, la captura y secuestro del obispo de Cuba fray Don Juan de las Cabezas y Altamirano “en el hato de Yara” por del pirata francés Gilberto Girón, confirma la existencia del poblado en fecha tan temprana y que -a pesar del traslado de la villa hacia Bayamo-, quedó presencia y actividad humana en el otrora asentamiento primario. Sin embargo, una somera lectura del poema y al testimonio del prelado(10) nos demuestra que la prisión del religioso se produjo en un punto que estaba “más de 6 leguas de la mar distante”; o sea, cuando menos, 1,3 leguas después de donde hoy se ubica Yara y 4,8 más allá de donde dice Diego Velázquez halló asiento para la villa. No obstante, ¿cuál pudo haber sido el lugar en que estaba el fray de visita cuando fue hecho prisionero? Para inicio de la tercera década del siglo XVI en esta zona, lo registrado con el nombre de Yara -a parte del río-, es una encomienda que junto a las de Manicarao y Guanabacoa pertenecían a Manuel de Rojas(11); por cierto, el actual Canabacoa, distante unos 12 kilómetros del Yara de hoy en dirección hacia la Sierra Maestra, puede ser una corrupción del vocablo Guanabacoa, una de las encomiendas que en la segunda mitad de 1520 el Gobernador Gonzalo de Guzmán ordenó a su dueño que: “[…] dentro en quize días primeros siguientes dexe libre é desembargo el pueblo de Guanabacoa con sus indios é naburies, para que se den átres vecinos […]”(12), en virtud del cumplimiento de la Real Cédula de 1512 donde el rey Fernando disponía que “[…] de aquí en adelante ninguna persona […] no puedan thener […] más número, de trescientos indios […]”.(13) Así pues, este breve ejercicio de ponderación de distancias nos demuestra que para el momento del establecimiento de la segunda villa cubana, el actual emplazamiento de Yara no concuerda con ninguna de las medidas ofrecidas en las fuentes históricas y ello, creemos, por una sencilla razón: no existía(14) y la falta de evidencias arqueológicas que confirmen contacto indo-hispano resultan -hasta el momento-, prueba irrecusable; en su defecto, las evidencias documentales hablan de una encomienda propiedad de Manuel de Rojas -emplazada posiblemente en algún sitio de la zona conocida como Yara Arriba-, cuya distancia al puerto concuerda con la referida por Cabezas Altamirano. Luego del traslado de la villa hacia las márgenes del río Bayamo, este núcleo siguió suministrando elementos de vida a los habitantes de San Salvador porque en 1543 “[...] solo tres pueblos sirven á la villa, que son Arcos, Manicarao y Jara (Yara)”(15), de lo cual se infiere que la encomienda y poblado indio de Yara, entidad distinta a la villa, coexistió con San Salvador y continuó su decurso histórico luego del traslado de este último para su asiento definitivo.

Hasta este momento el análisis se ha basado en la fidelidad de las medidas; empero, un observador que haga de la duda la frontera de su conocimiento podría cuestionar si la fuente de información; o sea, Diego Velázquez, estaba capacitado para evaluar distancias. Había nacido en Cuellar, Segovia, en el año 1465.

De ascendencia noble, procedía de una reconocida familia cuellarana, cuyos miembros habían servido durante generaciones a los Reyes de Castilla. Formó parte del segundo viaje de Cristóbal Colón en 1493, y contó con el apoyo del obispo Juan Rodríguez de Fonseca, colaborando después con el gobernador Nicolás de Ovando (1501–1509) en la pacificación de la isla La Española, donde llegó a ser uno de los hombres más principales.

El nuevo gobernador Diego Colón (1509–1515) le puso al frente de una expedición para conquistar y poblar Cuba en 1511, primero como capitán y más tarde como primer gobernador de la isla. En recompensa a sus servicios, obtuvo del rey el título de Adelantado de la isla.

Fundó en La Española las poblaciones de Villanueva de Yáquimo, San Juan de la Maguana, Azua de Compostela, Salvatierra de la Sabana, Santa María de la Vera Paz y Bánica […] (16)

De la reseña supradicha se desprende, en primer lugar, la posibilidad de haber obtenido -al menos-, mediana educación, elemento este que debilita el handicap del analfabetismo, condición que marcaba como yerro candente la mayoría de los hombres de su tiempo. No puede soslayarse, al evaluar la competencia de este hombre, su nombramiento para iniciar la conquista y colonización de Cuba; en tanto, tamaña empresa requería algo más que empuje y decisión; mientras la experiencia adquirida en la fundación de villas y poblados en la ínsula quisqueyana lo ponen al frente de un escenario donde el conocimiento y manejo de las medidas le resultaba familiar. Otras fuentes afirman que “combatió en el ejército español de Nápoles”(17) y para nadie es secreto el papel determinante que el terreno juega en el reino de Marte, al punto de convertir el teatro de operaciones en el gran dictador del arte militar; de modo que, su formación y experiencia hacen de todo punto imposible se haya equivocado al evaluar las distancias y confundido legua y media -6,285 metros o 6 kilómetros y 285 metros- con 4,7 leguas, equivalentes a 19,667 metros o lo que es lo mismo 19 kilómetros y 667 metros. Copia y calco de lo sucedido en San Salvador resulta la fundación de la tercera villa de Cuba cuando Velázquez funda la Santísima Trinidad en la ribera del río Arimao y a una legua de la bahía de Jagua(18); luego, el emplazamiento cambia pero la proximidad al mar continúa; pues, esta cercanía al litoral deviene necesidad para los propósitos de conquista, hecho validado en 1527 cuando Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, tesorero y alguacil mayor en la expedición capitaneaba por Pánfilo de Narváez, cuyo objetivo era conquistar la Florida, declara: “Llegados con estos dos navíos al puerto de la Trinidad, el capitán Pantoja fue con Vasco Porcalle a la villa, que es una legua de allí, para rescebir los bastimentos [...]”(19)

Mucho más atendibles, por la proximidad temporal a los hechos que describen, son las versiones sobre el emplazamiento de la villa en un punto del cacicazgo o provincia india de Macaca, territorio ubicado de los actuales municipios de Media Luna y Niquero.

Nicolás Joseph de Ribera, abogado defensor de la Real Hacienda, en su obra Descripción de la isla de Cuba de mediados del siglo XVIII, refiere la localización de San Salvador, dentro del cacicazgo de Macaca: “[…] Sn Salvador qe estaba junto al puerto de Niquero cerca de Cabo Cruz, se retiró al río de Bayamo, veinte leguas al nordeste tierra adentro en los más ancho de la Ysla”(20)

Por su parte, el obispo e historiador Pedro Agustín Morel de Santa Cruz toma la tradición oral a su paso por Bayamo con motivo de la visita eclesiástica, en junio de 1756, y expone:

Suponemos algunos que este nombre era el gentilicimo del Cacique, que dominaba a toda la provincia y que ella se honraba con el título de su señor; que los pueblos de su dependencia se reducían a tres: El primero Macaca, distante tres leguas del Mar del Sur, era la Capital donde el Cacique residía […] El segundo Guisa […] El tercero no se nomina […] los españoles arrasaron a los otros dos, y con sus vecindarios fijaron el pie en Macaca […] El proyecto dice no subsistió por dos incidentes que dieron con él en tierra […] fue preciso tratar de su traslación”.(21)

Como puede verse, tanto Joseph de Ribera como Morell de Santa Cruz refieren, a partir de la tradición oral, la hipótesis de la fundación de San Salvador en la provincia India de Macaca. Otra de las versiones sitúa la primera fundación en Pueblo Viejo, en el antiguo partido de Vicana, perteneciente también a la misma “provincia” india. De ello se hace eco el capitán Francisco Sánchez Griñán en 1793. Este, al recorrer las costas del Golfo de Guacanayabo, en misión de reconocimiento para combatir el contrabando y fundar una población en el paraje titulado el Manzanillo, jurisdicción del Bayamo, expone: “[...] salimos de Pueblo Viejo, corral de puercos pertenecientes a Doña Juana de Nogueras, donde se dice haber estado la población de Bayamo primero.”(22)

En el libro Crónica y tradiciones de San Salvador de Bayamo, compilación de artículos de Francisco Murtra(23), publicado en 1856 del cual hace edición anotada el historiador Ludín Fonseca, en el epígrafe «Apuntes para la Historia de la Isla de Cuba. El Bayamo», puede leerse:

En cuanto al primer particular, el capitán de estas milicias blancas I). Pedro del Prado en su libro genealógico, señala la fundación del Bayamo al año de 1512, pero en varios acuerdos capitulares celebrados sobre la solicitud de la villa, hoy ciudad de Trinidad, queriendo ser mas antigua que esta del Bayamo se alega, que nuestra actual situación es mas moderna que la que tuvo con el nombre de Nueva Sevilla en la provincia de Macaca, donde hasta hoy se conoce una especie de sabana con el nombre de Pueblo viejo.

La reiterada referencia a la ubicación de la fundación de la villa de San Salvador en la entonces nombrada “provincia india de Macaca” o en las proximidades de Niquero es probable que se deba a una confusión con la creación, en el área aludida, de una “Encomienda” otorgada a Rodrigo de Tamayo uno de los conquistadores que había venido con Diego Velázquez y se le había dado vecindad en San Salvador. En documento escrito al rey denominado “Probanza de los méritos y servicios de Rodrigo de Tamayo, fundador y vecino de San Salvador” este asegura: “[…] a cabsa de andar yo conquistando e prendiendo los indios alcados me tomaron enemistad e fueron a una hacienda mia e a mi casique que era en cabo cruz e me quemaron un barco […] e mataron dos españoles y en otra estancia que tenía q se dice la maguana me quemaron los bohíos e muchos puercos […]”(24) Esta última hacienda aludida está situada en el sitio arqueológico llamado luego Pueblo Viejo; puede ser pues, que de estos hechos, se derive la afirmación y confusión de los trinitarios y Sánchez Griñán.

Ahora bien, resulta esta hipótesis; o sea, el asentamiento de la villa en Pueblo Viejo, atractiva y por más de una razón. Por ejemplo, a consecuencia de las plagas de insectos y de reconocerse malsano el asentamiento primitivo de San Cristóbal -en el Surgidero de Batabanó-, sobre todo para los recién nacidos, se trasladó a poco la villa a la desembocadura del río Casaguas (hoy Chorrera o Almedares) y cuando en 1519 se hizo la traslación hasta el emplazamiento actual, el sitio anterior; o sea, la Chorrera, conservó por algún tiempo el nombre de Pueblo Viejo (25); así pues, parece que en el Pueblo Viejo de Macaca, a menos de una legua del mar, hubo un asentamiento humano con ubicación al lado del río del mismo nombre y mucho más a propósito de la navegación con tierra firme en tanto está más al sur; en segundo lugar, un tanto alejado de allí, vamos a encontrar otro río -el Sevilla-, cuyo gracia nada tiene que ver con la toponimia aruaca lo cual pareciera confirmar el supuesto de los trinitarios; por otro lado, toda la zona es de feraces terrenos mientras la evidencia arqueológica aborigen resulta prolija; sin embargo, un hecho definitivo quiebra la idea del asentamiento en este punto y es que ninguna de las fuentes hídricas allí localizadas lleva por nombre Yara, y cerca de este fue que decidió Diego Velázquez fundar San Salvador; pero, si todavía pareciese endeble esta explanación, el mapa hecho por Forlano en 1564; quien, debió tener conocimiento del confeccionado y enviado por Pasamonte y Diego Velázquez al Rey en 1514, coloca la villa en la misma oquedad del Guacanayabo y no en la cercanía al Cabo de la Cruz.(Ver Anexo 1) Demostrado queda pues que ni en Yara ni en Pueblo Viejo tuvo asiento la segunda villa de Cuba.

El asiento de San Salvador en un punto de la meseta de Manzanillo conocido como Palmas Altas, en la periferia de la ciudad de igual nombre, resulta de todo punto una propuesta coherente y probable toda vez que la geografía, las distancias y la arqueología así lo rubrican. (Anexo 2) Por ejemplo, el río Yara nace en la ladera norte del Pico Turquino, corre en dirección noreste a la Llanura Cauto-Guacanayabo y desemboca en la parte septentrional de la Bahía de Caimanera (Manzanillo) en un pantanoso pero poco pronunciado delta, denominado Punta Yara; durante su recorrido forma una suave ladera en ambas orillas, en su curso inferior, y durante las crecidas se desborda por su margen derecha en tanto a la izquierda se lo impiden las elevaciones de la Meseta de Manzanillo(26) y es precisamente en este lugar -protegido de las inundaciones-, donde coinciden las medidas brindadas por Velázquez y sitio donde donde la arqueología ha ofrecido pruebas fehacientes de asentamiento aborigen y contacto indo-hispánico. A pesar de que el material colonial colectado resulta escaso, puede contabilizarse un fragmento de plato de mayólica blanca vidriado con estaño, sin decoración (Columbia plain) del siglo XVI, un gollete de botijuela española del mismo siglo vidriado en verde, dos fragmentos de recipientes con vidriado interior de amarillo, de idéntica data y un fragmento de escudilla de cerámica roja (criolla) con evidentes signos de transculturación pertenecientes también a esta centuria; mientras que del material ferroso obtenido, más escaso que la cerámica, pero de importancia significativa, se encuentra un fragmento de herradura colonial de inicios del siglo XVI.(27)

A lo anterior se suma el resultado del siguiente ejercicio de crítica e inferencia histórica. Después del traslado de la villa San Salvador hacia el área de Bayamo y durante el reparto de tierras e indios, las correspondientes a la zona de la actual ciudad de Holguín se le concedieron, en criterio del Dr. García Castañeda a Bartolomé de Bastidas. Este rápidamente vendió su Encomienda a García Holguín y a Diego de Lorenzana, personaje del cual no se tienen muchas referencias históricas.(28) La base documental para esa definición del Dr. García Castañeda fue el testamento de Diego Velázquez de fecha 11 ó el 12 de julio de 1524(29), en el cual se dice: “[…] la verdad es que los trescientos o cuatrocientos pesos de oro de estos pertenecen dos a (…) Bartolomé de Bastidas vecino que fue de esta isla por la facienda de mancanilla que el dicho Bastidas vendió al dicho García Holguín y a Diego de Lorenzana [...]”(30). En su crítica a este documento, García Castañeda localizó el origen histórico de la Encomienda (holguinera) y sus primeros poseedores en la localidad, considerando errónea la mención a Mancanilla, por ser región -dice-, de la Villa de Trinidad, “cuando todos los documentos revisados indican que García Holguín era vecino de la Villa de San Salvador de Bayamo y su hato radicaba en su jurisdicción”(31); sin embargo, lo que no sabía García Castañeda era que, el 16 de febrero de 1515 el alcalde ordinario de la villa de San Salvador era García Holguín; quien, presidió la toma de juramento a varios vecinos de la misma que testificaron en los extensos pleitos que sostuvo la familia del Almirante contra la Corona por los derechos del descubrimiento(32); de modo que, García Holguín sí pudo comprar la hacienda “mancanilla” vendida por Bartolomé Bastidas, toda vez que estaba contigua a la villa de la cual era alcalde y espacio que acogió, tiempo después, la actual población de Manzanillo, heredando también, modificado y masculinizado, el nombre(33). Finalmente, no puede perderse de vista que la zona del actual Manzanillo y su franja costera serían, durante todo el siglo XVII, XVIII y la XIX, la puerta natural de Bayamo hacia el mundo; y lo fueron, porque cuando abandonaron el lugar a finales de la segunda década del siglo XVI, llevaban en su experiencia vital el recuerdo de un sitio que, con abrigada ensenada, les facilitaba la comunicación marítima con tierra firme, la propia isla y la metrópolis.

Fue Roberto Mateizán, en su ya citada obra Cuba pintoresca y sentimental, quien afirma -sin elemento probatorio alguno-, que la villa se estableció el 5 de noviembre de 1513. A partir de aquí y sin examen alguno, la repetición consuetudinaria convirtió esta fecha en realidad histórica; sin embargo, una mirada poco menos que atenta nos hace cuestionar la anterior datación. La carta que sirve núcleo a este estudio -referenciada al principio-, fue en manos de Diego Velázquez el 9 de noviembre de 1513 y posiblemente en Bayamo, porque allí “[...] halló los caciques y indios muy servidores de V.A y amigos de los cristianos, donde le tomaron las cartas y provisiones que V. A le mandó enviar” y luego de esto; o sea, 8 días después de haber llegado a este sitio, es que manda comisiones para reunir caciques e indios y fundar la villa. Un elemental ejercicio de aritmética nos da que si a nueve (9) le añadimos ocho (8), entonces la fundación de la villa se verificó o comenzó a hacerse a partir del diecisiete (17) de noviembre y no del cinco (5) como hasta ahora se ha creído.

La precisión de la fecha del traslado de San Salvador a su emplazamiento definitivo ha resultado, hasta el momento, el más esquivo de los prístinos acontecimientos vinculado al mismo. Entre los bautizos otorgados a las primeras villas, solo el segundo va a afincarse en la luenga ruta del sacrificio humano: “[…] porque allí fueron libres los cristianos del cacique Yahatuey, é porque con la muerte suya se aseguró é salvó mucha parte de la isla [...]” Para los matadores del rebelde el hecho resultó “salvador”; en tanto, devino escarmiento que ofreció la tan ansiada paz y con ello dar continuidad a su obra de colonización. Ahora bien, por qué suele convoyarse la gracia otorgada por los españoles con el apelativo “de Bayamo”, si el asentamiento originario distaba más de 60 kilómetros de este punto. La respuesta a tal interrogante se explicita porque tiempo después, el emplazamiento se traslada hacia lo que Velázquez dio en llamar “provincia del Bayamo”, sitio de innegable toponimia aruaca que, en virtud de magníficos procesos de forja nacional, ha mantenido y servido para redimir con creces el acto bárbaro de cremar vivo al cacique por el natural deseo de querer vivir en libertad; luego, la ausencia de un serio escrutinio sobre el particular, ha dado pábulo para que más de un autor sostenga que “muy pronto” -sin precisar cuánto-, la villa fue levantada de su ubicación primaria y trasladada hacia Bayamo, razón por la cual comienza a ser nombrada, entonces, San Salvador de Bayamo.

Es justamente otra carta de Diego Velázquez(34), la confirmación de que por decisión suya en San Salvador se estableció la Casa de Contratación y la fundición. Su testimonio refiere que la primera fundición de oro organizada en Cuba tuvo lugar en la mencionada villa, entre el 18 de abril y el 21 de mayo de 1515 y de la cual se enviaron al Rey “[…] diez mil pesos de oro fino, y 2.437 pesos, 8 gramos de oro baxo […]”(35); luego de esto y porque con anterioridad habían visto el puerto y bahía de Santiago Cuba “[…] y les pareció muy bien, y hallaron muy apropósito del puerto un sitio para pueblo, que les pareció muy bueno para asiento de la villa […](36), partieron de San Salvador -con Velázquez al frente-, hacia ese punto con el objeto de dejar fundada allí una villa, acto consumado en julio del propio 1515. De esta misiva se infiere que, casi dos años después -agosto de 1515-, San Salvador estaba en el mismo sitio y si esta deducción no fuera suficiente, la epístola confirma: “[...] é porque las mas de las haciendas de V. A están juntas á los puertos [...]”(37), solo Sancti Spíritus estaba tierra adentro.

No obstante, el hecho de fundar Santiago de Cuba y establecerse en ella la gobernación de la isla, no fue razón suficiente para el traslado o desmantelamiento inmediato del asiento primario de San Salvador; por cuanto, en esos momentos, la fundición de oro no se hacía a cielo abierto, requería de hornos fabricados con ladrillos refractarios -no se producían en ese momento en la isla-, necesarios para alcanzar los 879.44ºC, temperatura necesaria para fundir el oro amarillo de 14 kilates, el único puro; pues, el amarillo de 18 quilates contiene plata y cobre, mientras que el amarillo de 10 quilates contiene mayores cantidades de plata y cobre; el oro verde, por su parte, contiene oro y plata y el rojo contiene oro y cobre. Estas diferencias en la composición explican por qué los diferentes tipos de oro tienen diversos puntos de fusión, de modo que, cuanto más puro es el oro, más baja es la temperatura que requiere para fundirse; por lo tanto, el oro que está mezclado con otros metales tarda más tiempo en fundirse.(38)

Para 1517, el Rey ordenaba a los Padres Jerónimos evaluar acerca de peticiones hechas por Pánfilo de Narváez en nombre de la isla Fernandina: “ Si por las grandes distancias y malos caminos que hay en la isla será conveniente establecer otra fundición de oro en Trinidad, Sancti-Spíritus o San Cristóbal.(39) De la lectura se deduce que los pobladores de las aludidas villas están pidiendo al Rey el establecimiento en ellas de fundiciones de oro por lo difícil que resulta el traslado del mineral hasta la fundición. La respuesta a esta petición fue dada en Real Cédula de 7 noviembre de 1518, ordenando que: “la fundición del oro se haga en Santiago y en Trinidad”. (40) Se hace patente pues, que la villa de Santiago de Cuba, aún en noviembre de 1518, no tenía fundición de oro y esa labor continuaba haciéndose en San Salvador donde debían acudir las restantes villas. De este modo y con la decisión de crear una fundición en Trinidad y otra en Santiago, eliminando la de San Salvador, dicho sitio perdería protagonismo y, como hasta la segunda década del siglo XVII el río Bayamo resultó navegable, el traslado hacia ese paraje de la segunda villa de Cuba resultó totalmente viable. Contribuye a sostener la tesis el hecho de que no sería hasta inicio de la tercera década del siglo XVI que comienza a aparecer en la papelería cubana el topónimo San Salvador de Bayamo.

No todo está dicho, estudios geoquímicos podrían establecer el tipo de mineral fundido, los espectroscópicos revelarían el calor alcanzado por el horno, en tanto pruebas termoluminiscentes fijarían la edad de la fundición(41); lamentablemente, como los autores no cuentan con los recursos financieros y tecnológicos que arrojarían pruebas más allá de cualquier duda razonable; ofrecen, en cambio, estas líneas que ayudarán desbrozar el entendimiento sobre el lugar de asentamiento, fecha de fundación y traslado de San Salvador, segunda villa fundada en Cuba y lugar de suplicio del cacique Hatuey.

 

Citas y Notas.

1.-Es la actual bahía de Jagua en la provincia de Cienfuegos. Pichardo, Hortensia. “Relación de la conquista de Cuba” en: Documentos para la historia de Cuba. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1971, pp. 63 a 75.

2.-Idem.

3.-Idem

4.-Según Wikipedia, consultada el 8 de enero de 2014, la legua castellana se fijó originalmente en 5.000 varas castellanas, es decir, 4,19 km (4.190 m) o unas 2,6 millas romanas, y variaba de modo notable según los distintos reinos españoles, e incluso según distintas provincias, quedando establecida en el siglo XVI como 20.000 pies castellanos; es decir, entre 5,572 y 5,914 km (5.572 y 5.914 m). Nótese que hablamos de inicio del siglo XVI; por tanto, el sistema de conocimiento de estos hombres estaba basado en la legua de 4.190 metros; la cual, siguió usándose profusamente en España, incluso, hasta después de ser oficialmente abolida por Felipe II en 1568.

5.-Venegas Fornias, Carlos: Dos etapas de colonización y expansión urbana. La Habana. Editora Política, 1979, p. 21.

6.-Mena García, María del Carmen: “Dependencia o autoabastecimiento: la lucha por la supervivencia en los primeros años de la colonización de Tierra Firme”. En: Del Caribe, Santiago de Cuba, número 25, 1996, p. 46.

7.-Loc. Cit. 1.

8.-Feijóo, Samuel. Mitología cubana. La Habana. Editorial Letras Cubanas, 2003, p. 179.

9.-Mateizán, Roberto. Cuba pintoresca y sentimental. Santiago de Cuba. Tipografía Arroyo Hermanos, s/f, p. 223.

10.-Mota, Francisco. Piratas en el Caribe.

11.-Gómez, Máximo y Rodríguez, Marcos. La fundación de Guanabacoa: noticias históricas. La Habana. Editado por Museo Municipal de Guanabacoa, 1991, pp. 25 y 28.

12.-Idem.

13.-Idem.

14.-Confirmación de ello es la donación de siete caballerías de tierra hecha por Carlos Manuel de Céspedes, Baltazar Muñoz y Francisco Demetrio Vázquez, en condición de comisionados, con el objeto de que sirviesen para fundar el pueblo de Yara. Declaraban en 1859: “Sépase que nosotros Licenciados Don Carlos Manuel de Céspedes y Don Baltasar Muñoz, y Don Demetrio Francisco Vázquez, de este vecindario, y como Comisionados por los condueños de la hacienda común de Yara-baja o Yaribacoa, donamos graciosamente, desde ahora y para siempre, pura, perfecta e irrevocablemente, que el derecho llama entrevivos, a favor del Común de vecinos del Pueblo de Yara, siete caballerías de tierra de las que les corresponden en la expresada hacienda, a saber, tres para formar el Pueblo y cuatro para sus egidos, cuyas caballerías se les rebajarán por iguales partes del terreno que les toque al practicar el deslinde y repartición de la repetida hacienda; en la inteligencia de que para demarcarlas se han de respetar las tierras que estaban cultivadas a la fecha del inicio del expediente de población y que los egidos se han de trazar en cuanto sea posible formando radio alrededor de la población, quedando asentado, que a cada uno de los cedentes se les reserva un solar para que lo fabrique conforme a lo dispuesto por el Excelentísimo señor Capitán General Superior Civil de la Isla y demás acuerdos que se han celebrado y aprobado hasta el presente, y de cuya donación no se han deducido derechos de alcabala por no adeudarlos, según el permiso o declaratoria despachada por el Señor Admor”. Manuel Fuentes García, abogado, notario y Archivero General del Distrito de Manzanillo, en 3 de marzo de 1914, expidió copia al alcalde de la misma ciudad de de la escritura que, conforme con su matriz, reposaba en el protocolo formado en el año 1859 por Juan García Silveira y que el citado Fuentes García tenía a su cargo. Agradecemos la información a Rolando Estrada Milanés quien nos entregó copia mecanografiada del documento.

15.-Loc. Cit., 11.

16.-“Diego Velázquez de Cuéllar”. En: Wikipedia [https://es.wikipedia.org/wiki/Diego_Vel%C3%A1zquez_de_Cuellar], consultada el día 16 de enero de 2014.

17.-“Diego Velázquez de Cuéllar” en: La web de las Biografías [ http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=velazquez-de-cuellar-diego], consultada el 16 de enero de 2014.

18.-Loc. Cit. 1.

19.-Véase el capítulo I del libro Naufrágios, de Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, en versión digital de Librodot.com

20.-Ribera, Nicolás Joseph de. Descripción de la isla de Cuba. Compilación e introducción de Hortensia Pichardo. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1975, p. 134.

21.-Morell de Santa Cruz, Pedro Agustín. La visita eclesiástica. La Habana. Editorial de Ciencias Sociales, 1985, p. 92.

22.-Lago Vieito, Ángel. Niquero, una descripción de finales del siglo XVIII, s/f, p. 9, Inédito.

23.-Mutra, Francisco (Compilador). Crónicas y tradiciones de S. Salvador de Bayamo. Proyecto y Memoria. Edición Anotada: Ludín B. Fonseca García, Bayamo M. N. 2011, p. 14.

24.-Archivo Nacional de Cuba. Fondo Academia de la Historia. Probanza de los méritos y servicios de Rodrigo de Tamayo, fundador y vecino de San Salvador, 1547, caja: 80, signatura 18.

25.-Villa San Cristóbal de La Habana en [http://www.ecured.cu/index.php/Villa_San_Crist%C3%B3bal_de_La_Habana], consultada el 20 de enero de 2014.

26.-Panos, Vladimir. “Carso de Cuba Oriental. Regionalización, tipología, utilización”. En: Studia Geographica 91. Ceskoslovensaka Akademie Ved. Breno, 1988, p. 125.

27.-Se realizó una exploración del sitio arqueológico de Palmas Altas, cuyo expediente fue radicado en el Instituto Cubano de Antropología, por R. Payarés en febrero de 1963, partiendo de la excavación no controlada realizada por el Dr. Bernardo Utset y el material recopilado por este durante su trabajo de campo. También se estudia en el Museo Municipal de Manzanillo el material arqueológico procedente de las excavaciones realizadas por Utset. En la exploración desarrollada durante los estudios actuales, la frecuencia en la aparición superficial del material aborigen fue superior a la del material colonial, que se presentó de forma vestigial en el caso de evidencias coloniales tempranas y más frecuentes en las evidencias coloniales más tardías. (Las evidencias encontradas fueron entregadas al entonces director del Museo Municipal de Manzanillo Nelson Oliva).

28.-José Novoa Betancourt y otros. García Holguín, un fundador de San Salvador de Bayamo, Inédito.

29.-Idem. y Testamento otorgado por el adelantado Diego Velázquez. AGI. Signatura: PATRONATO, 180, R.9., folios 18 y 19.

30.-Idem.

31.-Loc. Cit. 27.

32.-Escuela de Estudios Hispanoamericanos. Pleitos Colombinos. Tomo III. Sevilla, 1984.

33.-Para 1604, Pedro Valdés, en informe sobre el intenso tráfico mercantil que se desarrollaba en la zona señala que en “Manzanilla, cercana al Bayamo, se está formando una Rochela”.

34.-Pichardo, Hortensia, Ob. Cit en 1, pp. 76 a 80.

35.-Idem.

36.-Idem.

37.-Idem.

38.-Brown, Rose. “Técnicas de fundición de oro”. En: [eHow en español” [http://www.ehowenespanol.com/tecnicas-fundicion-oro-manera_114754/], consultado el sábado 25 de enero de 2014.

39.-Archivo de Indias. Real Cédula de 1517: Órdenes a los Padres Jerónimos acerca de peticiones hechas por Pánfilo de Narváez en nombre de la isla Fernandina. Colección de Documentos Inéditos.

40.-Archivo de Indias. Real Cédula de 1518 ordenando que la fundición del oro se haga en Santiago y en Trinidad. Colección de Documentos Inéditos.

41.- Brooks, William E. y Luisa Vetter Parodi. “Antigua fundición de plomo en el sitio inca de Curamba, departamento de Apurímac, Perú ”. En: Boletín del Instituto Francés de Estudios Andinos, 2012, 41 (2): 197-208.

Anexo 1

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Anexo 2

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